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Diodoro Sarmentero deja las parroquias de Villalón y su entorno tras más de 50 años de servicio

Un hombre bueno y sencillo que deja una huella imborrable

Villafrades de Campos, 27 de Octubre de 2017. Alfonso Gordaliza Ramos

A veces la vida nos regala la oportunidad de conocer y tratar a personas que irradian en su entorno paz y sosiego; personas prudentes y discretas, pero no por ello carentes de impulso e iniciativa. Este es el caso de Diodoro Sarmentero, Don Diodoro, uno de los párrocos de Villafrades en los últimos quince años, párroco de Villalón desde hace más de cuarenta años y sacerdote que ha ejercido su ministerio al completo, durante más de cincuenta años, en nuestra comarca de la Tierra de Campos vallisoletana.

Su paso por esta comarca ha dejado una huella profunda a tenor de las múltiples muestras de afecto que se le han dispensado en las últimas semanas, especialmente en Villalón de Campos, donde residía y ejercía en mayor medida su ministerio. Entre estas muestras de cariño y agradecimiento, cabe destacar dos de ellas organizadas en Villalón de Campos.

La primera fue promovida por el Ayuntamiento y otros agentes representativos del pueblo de Villalón de Campos en forma de homenaje civil en el Salón de Actos del Instituto Jorge Guillén el día 30 de septiembre. De ella se hizo eco la prensa regional. (Para acceder a la noticia pinchar aquí)

La segunda tuvo forma de homenaje religioso organizado por la Parroquia de Villalón de Campos el día 22 de octubre con una Misa de Acción de Gracias oficiada por el Arzobispo de Valladolid, D. Ricardo Blázquez, y concelebrada por otros 26 sacerdotes compañeros de Diodoro en la comarca y en otros ámbitos de la diócesis (para ver la noticia publicada en la prensa escrita pinchar aquí). Esta Misa fue seguida de un acto con numerosas intervenciones de autoridades, catequistas y representantes de otros sectores de la vida social y cultural villalonesa.

Quiero destacar la intervención emocionada del Alcalde José Ángel Alonso, que confesó que Don Diodoro había sido como un abuelo para él y no pudo contener las lágrimas mientras glosaba su figura y su papel en Villalón y comarca en los más de 50 años de labor en múltiples frentes. Yo asistí a este acto y puedo asegurar que nunca vi la Iglesia de San Miguel tan abarrotada como este día.

En todos estos actos, se ha puesto de relieve no solo la gran labor pastoral desarrollada por Don Diodoro, su trato cercano y su bonhomía, sino también su compromiso con la vida social, cultural y educativa del municipio y la comarca: una impresionante labor educativa como profesor de Religión en el Instituto, numerosos campamentos infantiles, labor social incansable a través de la creación de Cáritas Parroquial, empuje al asociacionismo en el pueblo y la comarca, participación en el consejo editorial de publicaciones locales, impulso a la recuperación y conservación del patrimonio religioso, etc., son solo una pequeña muestra de su gran implicación en múltiples frentes de interés para Villalón y su comarca.

Aunque por su manera de ser seguramente hubiera deseado evitar este protagonismo, Don Diodoro fue también Arcipreste de la zona de Mayorga-Villalón y Vicario de la Tierra de Campos vallisoletana en distintos periodos.

Villafrades también quiso sumarse a los reconocimientos aprovechando que el domingo día 22 de octubre decía su última misa como párroco de nuestro pueblo. Aunque el acto se organizó de forma casi improvisada por la premura con la que se convocó a la poca gente que va quedando ya en estas fechas en nuestro pueblo, fue un detalle por nuestra parte más que digno y suficiente para rendir nuestro particular homenaje a Don Diodoro, que muy bien a resumido Candi Sanchez en villafrades.net con su reportaje. A pesar de esta premura, fuimos capaces de congregar asistiendo a Misa a unas treinta personas, que es una cifra muy notable para un fin de semana de finales de octubre. También tuvimos tiempo de preparar con la ayuda de Rafa un pequeño obsequio personalizado en forma de placa con la imagen de nuestra patrona y una estrofa de uno de sus himnos.

Personalmente, como decía al principio, me considero un afortunado por haber tenido el privilegio de conocer desde hace muchos años a Don Diodoro. De mi relación con él, destaco sobre todo dos momentos: mis años de estudiante en el Instituto Jorge Guillén, donde fue mi profesor, y mi actual periodo de Alcalde en el que he podido compartir con él de manera muy especial e intensa todo lo relativo a la Parroquia de Villafrades, además de otras numerosas comparecencias en distintos foros y actividades comarcales. Por esta razón, no me costó mucho hilvanar para él unas palabras que leí en el sencillo homenaje que le dedicamos en Villafrades el domingo al acabar la eucaristía, palabras que transcribo literalmente a continuación para terminar esta aportación a villafrades.net:

Querido Diodoro; hoy es un día de despedida y las despedidas siempre son complicadas. Se agolpan en nuestra mente los recuerdos, y los sentimientos que nos embargan son encontrados.

No podemos por menos de estar un poco tristes por perder tu presencia cotidiana entre nosotros; ¡cómo no nos va a entristecer perder la presencia entre nosotros de alguien a quien todos estamos de acuerdo en definir con la expresión castellana de "ser una bella persona", más aún, "una bellísima persona"!.

Pero a la vez estamos contentos por ti, porque, después de toda una vida de servicio como sacerdote en este arciprestazgo y esta comarca, más de cincuenta años, es tu deseo pasar a un estado de actividad más sosegada y tranquila, y nos alegramos de que, para poder hacerlo posible, hayas encontrado un buen acomodo en Valladolid, en la residencia del Arzobispado y en la Parroquia de la Magdalena.

Parece que fue ayer cuando te hiciste cargo de esta Parroquia de Villafrades, junto a José María, en unos momentos complicados para nosotros que, afortunadamente, todos hemos olvidado y superado.

Parece que fue ayer, pero fue en el otoño del año 2002, es decir hace más de 15 años. El tiempo pasa casi siempre deprisa en la vida, pero especialmente se acelera su paso cuando nos sentimos confortables, cuando estamos disfrutando de algo bueno, y esa ha sido nuestra sensación en la parroquia de Villafrades a lo largo de estos años que has sido nuestro párroco.

Pero algunos, los más jóvenes, y otros ya no tan jóvenes como es mi caso, tuvimos la oportunidad y la suerte de conocerte hace muchos más años, porque fuiste nuestro profesor de Religión en el Instituto Jorge Guillén en Villalón, del que formaste parte del equipo valiente de profesores que lo pusieron en marcha con mucho esfuerzo, liderados por Antonio Piedra, a quien precisamente anteayer se rindió homenaje en Villalón con motivo de su nombramiento como "Hijo adoptivo" por el Ayuntamiento.

Ese Instituto, fundado en 1969, supuso para todos nosotros la apertura de una ventana al mundo del saber, de la cultura y de los valores humanos que cambió para siempre nuestras vidas y la mentalidad de nuestros pueblos y nuestra comarca.

Aquéllos eran tiempos complicados, en los que nos adentrábamos en un terreno desconocido por el cambio político que se acercaba al vislumbrarse el fin de la dictadura. Y tú nos hablaste muy claro, a aquellos jóvenes y adolescentes de Tierra de Campos, de derechos humanos, de justicia social, de democracia, de libertad, de tolerancia, de respeto por las opiniones de todos y, en definitiva, de valores humanos que, aunque no son otros que la verdadera esencia del mensaje de Cristo, tú sabes bien que a muchos de nosotros se nos ponían los ojos como platos al escucharte, porque nos cogía bastante por sorpresa en aquellos tiempos oír todo eso en boca de un sacerdote.

Diodoro, queremos que te lleves de Villafrades nuestro reconocimiento a una labor pastoral cristiana impecable, a un trato cálido y cercano, a una transmisión de valores humanos ejemplar.

Queremos que te lleves también nuestro agradecimiento por comprender a la perfección durante todos estos años nuestras necesidades peculiares como parroquia, en un pueblo que se aferra a numerosas tradiciones muy arraigadas que forman parte de nuestra forma particular de sentir el hecho religioso; por comprenderlas y por darlas satisfacción gustosamente, sintiéndote en esas celebraciones como uno más de nosotros.

Queremos que te lleves también nuestro cariño y el de todos los villafradeños que no están hoy aquí pero que también han podido disfrutar de tu compañía y tu labor pastoral en las temporadas que pasan entre nosotros.

Finalmente, queremos también que te lleves nuestro deseo y nuestra confianza en que la Virgen de Grijasalbas, nuestra querida madre en quien este pueblo tanto confía, te acompañará y te guiará en esta nueva etapa que comienzas y te arropará con su manto cuando necesites su calor y su consuelo. Así se lo vamos a pedir y ella sabrá escucharnos.

Diodoro, en Villafrades siempre tendrás tu casa.

Un abrazo muy grande y hasta siempre.






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